Una nueva forma de comunicarnos

Por María Isabel Vial
Presidente Ejecutiva, Fundación Carlos Vial Espantoso

Entramos en el período de ajustes que requiere una alta participación de todos. Se trata de una etapa distinta, porque esta vez no tenemos ningún indicio sobre cuánto durará y cómo terminará. ¿Nos contagiaremos? ¿Volveremos al confinamiento? ¿Tendremos que usar para siempre alcohol gel y mascarillas? ¿Veremos a nuestros a compañeros de trabajo? ¿Cómo, cuánto y por cuánto tiempo afectarán los ajustes en mi trabajo para esta nueva etapa?

El “paso a paso laboral” impulsado por el Gobierno –infórmate, organiza, socializa, capacita, prioriza, colabora y evalúa- es una invitación simple y concreta a construir mecanismos participativos de diálogo al interior de las empresas, para repensar su operación poniendo a los trabajadores en el centro del modelo de negocios. Esta iniciativa devela cómo serán las relaciones laborales en el futuro y cómo llegar a acuerdos sin coacción y sin necesidad de nuevas normativas. Pone sobre la mesa el diálogo, la colaboración y la confianza, entendiendo que los acuerdos que se logren entre trabajadores y empresa son más poderosos que cualquier ley.

El estudio de profundización de la Encuesta Crisis Sanitaria realizada por la Fundación Carlos Vial Espantoso, evidenció que la percepción que tienen los trabajadores sobre la gestión de sus empresas está directamente asociada a la evaluación de éstas frente a la crisis. Así, los trabajadores que percibieron -en mayor grado- que sus empresas fueron proactivas en implementar medidas equitativas para afrontar la crisis y en pos del resguardo de los trabajadores tuvieron, en promedio, una mejor evaluación de sus empleadores. Asimismo, la información adecuada y precisa entrega mayores niveles de seguridad laboral, como también que los trabajadores contaran con la posibilidad de expresar sus puntos de vista frente a estas medidas.

En el mundo laboral, las formas y las percepciones están cambiando. También la manera en que nos comunicamos. El uso por tantos meses de mascarilla y alcohol gel nos ha exigido una forma de expresarnos distinta, más franca y transparente, con códigos simples y una nueva gestualidad. Nos exige ser capaces de  mirarnos a los ojos en lo más profundo. Los gestos, las miradas, las posturas corporales e incluso el tono de voz constituyen un lenguaje complementario al de las palabras. Nos delatan el complejo mundo de las emociones y los estados de ánimo, algo que ha estado presente como un sube y baja en el inconsciente todos los días durante esta pandemia.

Investigaciones han demostrado que esta comunicación no verbal tiene más influencia que las palabras en las reacciones que nos provocamos mutuamente.  No más del 35% del significado derivado de una conversación se transmite por palabras asiladas.  Las mascarillas podrán ser nuestros uniformes y el protocolo a seguir, pero simbólicamente también representan el llamado a construir un nuevo lenguaje, con nuevos gestos y nuevas formas de expresarnos.

Esta nueva etapa no significa en ningún caso “volver a hacer lo que acostumbrábamos hacer y de la misma manera”. Resulta indispensable capitalizar y profundizar lo que aprendimos durante estos meses. Y -a través del diálogo- generar dentro de las empresas verdaderas “comunidades de aprendizaje”, que no solo velen por la continuidad operacional, sino que también -y genuinamente- mejoren las condiciones de trabajo y el bienestar de los trabajadores.

Vía El Mercurio