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Artículo de Opinión:

Treinta y dos horas

Por María Isabel Vial

Son treinta y dos horas más que los hombres “trabajo invisible” que realizan las mujeres durante la semana en el contexto de la pandemia, lo que imposibilita mantener sus puestos de trabajo o salir a buscarlos, de acuerdo con el Ministerio de la Mujer. Un trabajo que se traduce en carga no remunerada, que estresa, presiona y aumenta las licencias médicas. 

Si pensamos en semanas laboral de cinco días y dedicamos ocho horas al día a nuestros trabajos remunerados (generalmente son más), la mujer trabaja en promedio 14 horas diarias, al sumar los quehaceres domésticos. En marzo del 2020, la OIT registró que las mujeres dedican el doble del tiempo a estas labores que los hombres. Tan evidente es esta compleja situación en todo el mundo, que diversas organizaciones internacionales la han denominado “la crisis de los cuidados”.

En el trimestre de octubre-diciembre del 2020, en plena pandemia, un 33,9% de las mujeres aludieron a razones familiares al ausentarse del mercado laboral, lo que puede interpretarse como falta de ayuda. El trabajo doméstico y de cuidado, les exigía jornada completa. ¿Somos conscientes de los beneficios de la participación activa de ambos padres en la crianza y educación de los hijos? ¿Nos dividimos de forma equitativa y permanente las tareas del hogar? ¿Se permite al padre ausentarse del trabajo para colaborar en estas tareas?

Si bien en políticas públicas pareciera que hemos avanzado, en la práctica no han tenido el impacto esperado. En octubre de 2011 entró en vigencia la Ley de Posnatal Parental, que excedió hasta los seis meses el periodo de descanso de las madres y permitió el traspaso hasta de seis semanas de permiso al padre. Las últimas cifras reportan que 197 hombres de un total de 93.000 aprovecharon esta oportunidad. 

Existe también el permiso parental, que consta de cinco días hábiles para el padre durante el primer mes de nacimiento. Y si bien no hay cifras oficiales de cuántos padres acceden a este derecho, muchas empresas les han agregado más días, fomentando su uso, el apego al recién nacido y reforzando la responsabilidad que les cabe a los padres en este periodo. 

En las empresas, incorporar políticas de conciliación, pero más aún, de corresponsabilidad, resulta clave para poder avanzar en una mayor equidad e igualdad de oportunidades y participación femenina en el mercado laboral. El gran desafío es fomentar un cambio cultural frente a la masculinidad, que traerá sólo ganancias para los padres y las familias, y nos enriquecerá como sociedad. El bienestar y la felicidad de las personas son la mejor palanca para el desarrollo y la paz de los países. Además, quién sabe, se puede eliminar -o al menos reducir- las treinta y dos horas. 

Vía El Mercurio

 

 

La corresponsabilidad en el centro del mundo laboral

Beatriz Roque
Directora de Estudios
Fundación Carlos Vial Espantoso

En los últimos meses, diversas instituciones han alertado el impacto de la crisis sanitaria en el empleo femenino, enfatizando en los efectos que tendrá este período en la participación laboral de las mujeres. Sin lugar a duda, la dificultad que implica compatibilizar el trabajo con las labores de cuidado, usualmente asociadas a las mujeres, es un factor fundamental en las dinámicas de trabajo actuales. Así, la crisis sanitaria ha puesto en el centro este tipo de problemáticas que, si bien habían sido instaladas previamente en el debate público, no habían contado con suficiente atención en el mundo laboral, encontrando un terreno fértil para construir soluciones desde la promoción de la corresponsabilidad

Para comenzar, es importante destacar el impacto de las inequidades en las tareas domésticas. Por una parte, en las condiciones y sobrecarga de trabajo de las mujeres, especialmente en contextos de teletrabajo, donde se ha agudizado el riesgo psicosocial que conlleva la doble presencia, alertando sobre los efectos en la salud mental de las trabajadoras (ISL, 2021). Por otra parte, se han mostrado efectos de las inequidades en distribución de tareas domésticas en las cifras de ocupación laboral de las mujeres. 

De esta forma, una arista relevante de este problema se relaciona con la desocupación y la búsqueda de nuevos empleos. A diferencia de los hombres, el 88% de las mujeres que perdió su empleo no volvió al mercado laboral, significando un retorno forzoso al hogar para miles de mujeres (Comunidad Mujer, 2020). Hay diversas motivaciones que podrían explicar esta situación, según los datos del Centro de Políticas Públicas UC (2020) las principales razones se asocian con el contagio COVID-19 y la dificultad de compatibilizar las responsabilidades familiares. Lo anterior adquiere mayor importancia aun, pues diversos organismos han manifestado su preocupación por los retrocesos que esto implica en la autonomía económica de las mujeres. Por su parte, la OIT ha sostenido que el desempleo femenino ha presentado cifras alarmantes en la región, específicamente, producto de la profundización de la desigualdad de género en el acceso y distribución del trabajo (OIT, 2021). De la misma forma, la CEPAL ha proyectado un retroceso de más de una década en la participación de las mujeres en el mercado laboral formal (CEPAL, 2020). Estos antecedentes, refuerzan la relevancia de avanzar en esta materia y promover la corresponsabilidad en la sociedad en su conjunto.  

Así, cuando aludimos a inequidades en la distribución del trabajo doméstico, también es importante referirnos a aquellas herramientas que podemos utilizar para mitigar este problema. La Fundación Carlos Vial Espantoso en conjunto con El Diario Financiero desarrollaron una encuesta dirigida a Departamentos de Recursos Humanos en grandes empresas en Chile, con el objetivo de conocer los nuevos escenarios, roles y desafíos que enfrentan estos equipos al interior de sus organizaciones. Así, pudimos notar que el 64% de los departamentos encuestados se encuentran desarrollando “acciones de conciliación trabajo-familia” como parte de las medidas impulsadas para enfrentar la pandemia. A su vez, al ahondar sobre aquellas empresas que se encuentran trabajando en esta temática podemos notar una gran diversidad de enfoques, por ejemplo: promoción de instancias de diálogo, medición de riesgo psicosocial producto de la doble presencia, realización de diagnósticos en las organizaciones, incorporación de los principios de la Política Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, participación en programas de entidades públicas o privadas que promueven la conciliación o corresponsabilidad, entre otros.

En sintonía con lo anterior, la corresponsabilidad ha adquirido mayor protagonismo, pues este término alude al “equilibrio en el reparto de las tareas, la toma de decisiones y la responsabilidad entre las personas en las distintas esferas de la vida, es decir, en la vida personal, en el hogar, en el trabajo y en la esfera pública” (Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, 2020). Así, la corresponsabilidad en el hogar ha tomado mayor protagonismo, instalando la importancia de pensar nuevas formas de organización social de los cuidados y distribución del trabajo no remunerado. Y sobre este tema, sin duda, las empresas y el mundo laboral en su conjunto tienen mucho que aportar, sobre todo en la búsqueda de soluciones que permitan resguardar los avances en esta materia e impulsar organizaciones que pongan en el centro a las trabajadoras. 

Corresponsabilidad y Calidad de Vida

En la última semana del mes de octubre se llevó a cabo el webinar: Corresponsabilidad y calidad de vida, que contó con la participación de Javiera Reyes, Doctora en Sociología y actualmente subdirectora de Pregrado en el Instituto de Sociología de la UC. 

En el encuentro, la experta indicó que el panorama laboral mundial ha cambiado considerablemente en los ámbitos social, económico y familiar, exponiéndose la necesidad de reorganizar la distribución de las responsabilidades laborales entre hombres y mujeres. 

En ese sentido señaló que “la necesidad de conciliación surge como respuesta al conflicto trabajo-familia, que se da cuando los requisitos del rol personal no coinciden con los del rol productivo y viceversa”.  Ese conflicto genera tensión en los individuos que soportan la exposición a un mayor estrés, reduciendo su nivel de productividad y provocando un impacto negativo en el desempeño organizacional.

La llegada del Covid-19 ha sido -sin duda- uno de los principales desafíos que al mundo le ha tocado vivir en los últimos tiempos, y aunque se han sacado cosas buenas, también se han acrecentado algunos desafíos. Según el Estudio de Teletrabajo en la Empresa Regional, Pequeña y Mediana (ACHS, 2020) un 95,3% de las empresas chilenas han adoptado la modalidad de teletrabajo. Un 42% de las mujeres que laboran bajo esta modalidad declaran que han tenido dificultad para trabajar bajo esta modalidad debido a la desigualdad de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Para las mujeres, la principal dificultad del trabajo a distancia está en compatibilizar el teletrabajo con el trabajo doméstico. Sin embargo, la principal dificultad para los hombres es la calidad del internet.  

El 47% de los chilenos declara que, debido a la pandemia, ha aumentado la cantidad de tareas que cumplen en el hogar, y un 45% declara que está realizando tareas en el hogar que antes no realizaban con frecuencia. Sin embargo, para la experta, y según diversas encuestas, las tareas no están repartidas de manera equitativa. 

Para Reyes, un adecuado equilibrio entre la vida laboral y familiar juega un papel clave en el logro de los objetivos personales y profesionales. Además, la implementación de programas de conciliación permite a los empleados trabajar de manera más efectiva, al tiempo que facilita la retención de empleados valiosos para las empresas, mejorando el retorno de las inversiones en capital humano. 

Para mayor información, te invitamos a descargar la presentación acá: Corresponsabilidad y Calidad de Vida.