El dirigente sidical: un líder en la crisis

Por María Isabel Vial

El rol del dirigente sindical es crucial en momentos de crisis. Antes, tenía que velar por la garantía de los derechos de sus asociados y sus beneficios; hoy, tiene que ejercer un liderazgo constructivo de comunicación efectiva, para saber la situación real de cada colaborador (también sus percepciones y temores) y desde ahí ser un puente de información certera entre ejecutivos y trabajadores.

Las empresas están viviendo escenarios complejos en todas las dimensiones posibles. Al igual que los gerentes de Recursos Humanos, los líderes sindicales están llamados a ser “la primera línea” de esta crisis al interior de las organizaciones. Su vocación en esta contingencia está orientada a equilibrar hábilmente dos urgencias perfectamente compatibles: la sostenibilidad de la empresa y el bienestar de las personas que la conforman. No se trata solo de conocer y transmitir las tasas de contagio, el estado emocional y el contexto familiar de los trabajadores, sino que debiesen ser parte de los comités de crisis de la organización para colaborar en la adaptación de la estrategia a los cambios y exigencias que la pandemia demanda. La coherencia, la cercanía y la empatía son cruciales; al contrario, su ausencia es un factor de riesgo.
Los dirigentes tienen la oportunidad de asumir un rol distinto al tradicional y ser una pieza estratégica para la empresa, acostumbrada a la comunicación vertical y unidreccional. La crisis les permite convertirse en los grandes retroalimentadores y fuentes confiables de información, con una mirada distinta, incómoda y necesaria a la vez.

El estudio «El trabajo sindical en tiempos de crisis», realizado por la Fundación Carlos Vial Espantoso, revela que los dirigentes que mejor evalúan el accionar de sus empresas son aquellos que se han reunido con los gerentes Generales (76%) y de Recursos Humanos (91%), e incluso con miembros del directorio (74%). Según este estudio, entre más se dialogue y se generen prácticas colaborativas en que se perciba el involucramiento de dirigentes y altos cargos de las empresas, dichas prácticas serán bien valoradas y recibidas por todos quienes componen a organización.
Es tiempo de empatizar, no de exigir; de aportar, no de criticar; de dialogar, no de negociar; de construir caminos para hacer frente todos juntos a los desafíos que el mundo laboral depara. La crisis le brinda al dirigente una oportunidad para para legitimar su rol y aportar positivamente a la construcción de los trabajadores, las empresas y el país.

 

Vía El Mercurio

 

 

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