Un socio en las bases y un activo país

Un reciente estudio realizado por Benjamin Radcliff, de la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos, demuestra que la tasa de sindicalización en los países está asociada a mayores niveles de felicidad y bienestar general, junto con una mayor equidad. Confirma así la importancia del rol de los sindicatos y sus líderes en la conformación de empresas más sanas y productivas no solo a nivel de desempeño laboral, sino también de crecimiento integral de las personas.

Según este mismo estudio, integrar un sindicato reduce la alienación y genera un sentido de pertenencia que otorga a sus miembros una mayor seguridad al entregar sus opiniones y contribuir positivamente en el funcionamiento de la empresa. Incluso, sustenta que el sindicato aporta a sus miembros capacidades cognitivas y sociales, y los ayuda a entender y proyectar mejor sus intereses y preferencias.

Más allá de sus seguidores o críticos, los dirigentes sindicales y líderes laborales tienen un rol indiscutido en las organizaciones. Son quienes mejor conocen a los trabajadores, y eso los ubica en el centro de la relación administración-trabajador. Por lo cambiante y lo complejo, hoy el país necesita dirigentes sindicales y ejecutivos sólidos, que cuenten con herramientas de formación y conocimientos que les permitan comprender el entorno económico, social, político y legal en el que se desarrolla su actividad. La formación es un requisito clave para tener negociaciones equilibradas y evitar las huelgas y paros, donde nadie gana y todo el país se ve afectado.

Una empresa que cuenta con líderes sindicales preparados, que se reúnen periódicamente con sus ejecutivos, con una agenda de trabajo permanente, que son escuchados y sus ideas tomadas en cuenta, tiene menos conflictos y puede aspirar a mayores niveles de innovación, productividad y mejores resultados. Lo importante es el respeto, el diálogo, el trabajo bien hecho, y que todos sean reconocidos en su mérito, con equidad.

Los eslóganes son casi tan nefastos como los prejuicios y los estereotipos. Cuando sindicatos, trabajadores y administración derriban esa barrera, logran conocerse, ponerse en los zapatos del otro y dejar de pensar -por ejemplo- que los dirigentes sindicales son el “enemigo en casa” y que la administración de la empresa solo intenta “ocultar información para perjudicar a los trabajadores”. Solo con información y apertura derribamos discursos avinagrados. La sensibilidad de abrirse a otras realidades permite a la empresa seguir creciendo y a sus trabajadores sentirse parte y dejar de hablar como si esta fuera un ente externo y despersonalizado.

Una empresa somos todos, y es distinta cuando tiene dirigentes que -por medio de la formación- se convierten en agentes de cambio. Terminan impactando no solo en las relaciones internas, sino también en la rentabilidad de la firma y en el desarrollo integral de las personas: un socio en las bases y un gran activo país.

 

Vía El Mercurio 

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