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Hacia la equidad laboral

Si contabilizamos el número de veces que los conceptos “equidad de género” y “brecha salarial” aparecen en los medios de comunicación, es muy probable que estarían en las primeras posiciones del ranking . Por el contrario, si observamos las estadísticas, Chile se ubica dentro de los últimos lugares en esas mediciones, con las mayores diferencias en remuneraciones entre hombres y mujeres con estudios superiores. Las mujeres en Chile ganan un 35% menos que un hombre, a un mismo nivel educativo.

Acercar esas brechas es un desafío país y una preocupación de nuestros trabajadores. Según datos de la ONU, a lo largo del mundo por cada dólar que gana un hombre, la mujer recibe 77 centavos. Al paso que vamos, nos tomará 70 años cerrar la brecha salarial de género en el mundo.

Menos salario se asocia con empleos de peor calidad. Las mujeres ocupan un 59% del empleo informal como porcentaje del empleo total en América Latina y el Caribe. Si miramos a nuestro país, en el trimestre abril-junio se registró una tasa de ocupación informal de 28,7%. La tasa de ocupación informal femenina fue de un 30,2% (hombres 27,7%). La situación de empleo precario expone a las mujeres a menores salarios, pero a la vez a desprotección social, peor acceso a salud, condiciones de trabajo inseguras y pensiones insuficientes. Para acercar las brechas y disminuir las diferencias entre géneros, hay que centrar la preocupación en el empleo de calidad y la discusión en el salario mínimo.

La legislación ayuda en temas como las salas cuna, el posnatal masculino, el teletrabajo -a años luz de países desarrollados- y otras iniciativas regulatorias que buscan una mayor equidad laboral. Sin embargo, ¿existe la voluntad o la convicción tanto de legisladores como de ejecutivos para moverse hacia la equidad?

Islandia, Finlandia y Noruega son los países que más han avanzado en esta materia. Islandia, por ejemplo, es la primera nación con una ley que exige a las empresas evidenciar que sus trabajadores tienen las mismas remuneraciones cuando ejecutan el mismo trabajo. No existen diferencias por género, etnia o nacionalidad. Noruega, por otra parte, implementó hace diecisiete años una ley que requiere que las sociedades anónimas tengan al menos 40% de mujeres en sus consejos de administración. Más allá del concepto de justicia, los esfuerzos en esta materia radican en la convicción de que la igualdad de género impacta otros espacios en la sociedad, como el hogar, la política y el desarrollo económico de los países.

En todos los casos exitosos, el camino siempre ha sido el mismo: no intentar homologar a la mujer a las características y capacidades del hombre, sino más bien considerar las diferencias entre ambos y adaptar nuestras condiciones laborales para recoger dicha diferencia.

La evolución hacia la equidad laboral no es en forma inmediata; se trata de un proceso largo de concientización social que tarda años en su implementación, pero si existe la voluntad de hacer los cambios hoy, más temprano que tarde dará frutos de los que podremos sentirnos orgullosos.

 

Columna de opinión
Por María Isabel Vial
Vía El Mercurio