Innovar desde adentro

 Emprender no es necesariamente innovar y tampoco garantiza la creación de empleo o el crecimiento de las empresas.


Por María Isabel Vial

El Mercurio

Si bien existe consenso en que la robotización -la llamada “cuarta revolución industrial” que se instala con fuerza en los países desarrollados- impulsará el crecimiento económico mundial, no debemos perder de vista nuestra realidad y el reto de promover la innovación y el crecimiento desde adentro de nuestras empresas, sin esperar que el impacto de tendencias mundiales ni las definiciones gubernamentales se hagan cargo de catapultar nuestro desarrollo.

Crecer desde adentro es promover la innovación desde los propios trabajadores, abriendo, fomentando e invirtiendo en buenas ideas que generen valor y que -de paso- motiven nuevas fuentes de empleo, que no sean rutinarias o repetitivas, ya que esos son puestos de trabajo en vías de extinción.

Esto que parece tan simple tiene enormes desafíos para su implementación, partiendo por la confusión que genera. Hoy vemos cómo se gastan recursos financieros, humanos y organizativos desde lo público y lo privado para fomentar el “emprendimiento”. Emprender no es necesariamente innovar y tampoco garantiza la creación de empleo o el crecimiento de las empresas, si este beneficia a muy pocos y a largo plazo.

La verdadera innovación se produce con ideas de alto impacto que rompen paradigmas, desafían y transforman radicalmente el ciclo vital de una empresa. Cuando esas innovaciones se originan en las grandes compañías, son grandes también las implicancias: se genera mayor empleo, mayor inversión y mayor capital financiero y social para las comunidades donde están insertas.

Lo vimos en la empresa Terminal Puerto Arica que obtuvo el Premio Carlos Vial Espantoso 2017. En gran parte, lo recibió por sus iniciativas de innovación con sus trabajadores. Por ejemplo, observaron que los camiones que trasladaban la carga desde Bolivia aumentaban la velocidad -desde pasada la aduana hasta el puerto- para estar de los primeros en ser atendidos, produciendo accidentes y atochamiento en la arteria principal de la ciudad.

Ellos mismos lograron bajar la accidentabilidad de sus clientes (camiones provenientes de Bolivia), disminuyeron la congestión en la ciudad y brindaron mejores condiciones de descanso a los choferes, a través de una innovación que erradicó la “competencia” por quién llegaba primero al puerto.

Ejemplos hay cientos. Estos se logran cuando la empresa abre espacios para escuchar, reconocer e implementar ideas de quienes están en la operación misma y son capaces de observar e imaginar. No es trivial que -según estudios del economista Xavier Salas-i-Martin- el 72% de las ideas vengan de los trabajadores y el 20% de personas comunes y corrientes. Solo un 8% viene del I+D. El camino es claro, debemos generar las condiciones dentro de la empresa para crear ambientes que desencadenen una dinámica de innovación.